martes, agosto 02, 2005

Limpiando el espejo

Llevo un tiempo pensando en los cambios.
Hace unos meses, cuando comencé a escribir en este blog, mi vida era completamente diferente a la que es ahora.
Yo sigo siendo la misma persona que era, pero los motivos que me empujaron a escribir en ese momento no son para nada los mismos.
Al mirarme en el espejo no veo mi reflejo. Veo todas esas sensaciones con las que en el presente no me identifico al cien por cien. Nunca limpié todo lo que había manchado, lo que había escrito, sentido y plasmado. En ocasiones los recuerdos deben permanecer así, en recuerdos, y no escarbar demasiado entre ellos.
Por eso es posible que cierre este blog y con ello otro capítulo de mi vida. Quizá no lo haga desaparecer al completo y deje aquellos post que más me gustaron en su día. Tampoco creo que deje de escribir, pero no aquí.
Buscaré un lugar donde alojarme, donde sentirme cómoda, dejando atrás el pasado y dirigiendo la mirada al futuro.
Todo esto lo digo el día que sobrepasamos las 5000 visitas y sólo me queda dar las gracias a aquellos que habeis estado al otro lado de la pantalla disfrutando.
En este lugar he conocido a grandes personas (otras no tanto, para que mentir, pero que bien que existan las leyes penales). Me llevo un bonito recuerdo y mucho cariño.
Un beso para todos y mis mejores deseos.

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Una mancha azul

Hay una mancha azul sobre la funda del sofá.
Descubrí al poco tiempo de levantarme las más que posibles causas.
A veces mientras duermo y mi parte consciente se despista, se me escapa la cordura. Al despertar vuelve conmigo, como si nada hubiera ocurrido, aunque ella no sabe que si desaparece demasiado tiempo padezco unos síntomas. Al abrir los ojos veo unas lucecitas brillantes que parpadean y me dejan en un estado de confusión durante unas pocas horas.
No consigo quitar la mancha, si al menos supiera con que la hizo buscaría una solución eficaz.
Quise seguir su rastro pero suele ser muy lista, intenta no dejar pistas de sus aventuras.
Imagino que lo hace porque está harta de mí.
Recuerdo la primera vez que salió. Me trajo un pequeño obsequio como recuerdo de su azaña: un pedazo de espejito.
Hoy sólo dejó una hoja arrugada en el fondo de la papelera, oculta entre los paquetes de tabaco vacíos. Parece una carta de despedida... sin terminar y escrita en azul.

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viernes, julio 29, 2005

Un libro en blanco

Hace ya varios meses, sino me estoy equivocando mientras miraba regalos de navidad, me compré un librito en blanco. Parece estar hecho a mano, forrado con telas indias y cosido con hilitos dorados.
En pricipio no sabía porqué lo estaba comprando, pero me gustó. Acabó en un armario de trastos junto a más libros, papeles y apuntes.
Esta semana haciendo limpieza de papeleo salió de su escondite de nuevo. Creo haberle encontrado utilidad, aunque la idea no es muy nueva, la he madurado un poco.
Pensé en escribir frases que me gusten, algunas ya conocidas por sus autores y otras de cosecha propia, o quizá todas mías, ya se verá. El caso sería ir intercalando hojas en blanco y llegado un día, regalar ese librito a alguien que pueda merecerlo de verdad para que poco a poco fuera rellenando los huecos y en un futuro más lejano compartirlo.
Es posible que luego todo quede en un bonito sueño, pues escoger a la persona indicada puede ser verdaderamente difícil. Pero siempre podré decir "fue bonito mientras duró"...

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martes, julio 26, 2005

Algunos descansan los lunes

Seguramente habría sido más fácil reservar mesa por teléfono en uno de esos restaurantes, pero un lunes no esperaba encontrar mucha gente cenando a pesar del turismo obvio de verano.
Me apetecía probar platos de esos raros rarísimos: un foie de caracol, carpaccio de avestruz... Una servidora que tiene un punto de exquisita. Implicaba cierto gasto, pero un día como hoy no me importaba.
Ya sea casualidad o zarpazos invisibles de mi mala suerte que se deja aparecer de vez en cuando, estaban todos cerrados. Pero fíjate, la mala suerte compartida con alguien resulta hasta graciosa... y de ahí que cada noche con él sea diferente a las demás.

"Que el segundo mes sea la mitad de bueno que el primero..."

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jueves, julio 21, 2005

Reloj

Se me olvidaba.
En algún momento de ayer, el cual no deja de ser importante por no nombrarlo, escribía...

...Porque el tiempo pasa para todos guste o no. Pero ahora quisiera pararlo, romper todas las saetas y fundirme en un solo segundo.
Caigo en mi propia realidad. No quise engancharme pero nadie lo controla... o si?
Y vuelvo a fantasear moviendo las piezas a mi gusto, cada cosa en el lugar que prefiero para mí (y para tí), atrapando los relojes en una caja negra.
Es entonces que una voz me dice... déjalos libres.


Hasta el lunes, que tengais buen finde.

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Shhhh...

Aunque no hables para decirlo...
... creo que te entiendo
Y aunque no quiera admitírmelo...
... necesito esas palabras mudas

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miércoles, julio 20, 2005

Yo, la rarita

Esta noche han pasado cosas demasiado extrañas. Pienso que tiene algo de personal, por lo que me voy a saltar la parte de dar detalles. Al menos sé que no soy la única que piensa que estas cosas sólo me pasan a mí.
En una palabra resumo las últimas horas: surrealista.

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martes, julio 19, 2005

Un mundo de gigantes II

y continúa...

Me escondí tras aquella roca. Un vacío en el estómago se apoderó de mis nervios. Aquello, sea lo que fuere, daba realmente miedo. Instinto animal podría llamarse, de aquel ser que por tamaño es con diferencia inferior a otro.
Entre tanto movimiento, sentí caer algo a mi lado produciendo en mí un pequeño grito asustadizo que por suerte no captó la atención del caminante. Por la forma podía parecerse a una cereza. Por el tamaño, algo semejante a una sandía enorme.
El hambre y la curiosidad no pudieron contra el miedo. Sentada en el suelo, deseando perder de vista al gigante, observaba cada uno de sus gestos.
Respiraba cansado, entrecortado, como olfateando débilmente la zona. Hubiera querido que me tragase la tierra en el momento que se acercó a mi escondite retirando las hierbas que tapaban su visibilidad. Por fin, posiblemente con cierto aire de resignación, prosiguió su camino.
Esperé lo suficiente hasta cerciorarme que fuera imposible ser vista y me acerqué al pedrusco rojizo que había caído junto a mí.
Bien podría haberse tratado de un fruto venenoso, pero en tales circunstancias una no se pone a pensar lo que hace, sino en saciar sus necesidades.
Reconocía ese dulce y jugoso sabor de las cerezas. Sólo cuando me harté de comer me vi a mí misma como un animal salvaje devorando su presa, manchada de su sangre desde las garras de las manos hasta los pies.

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miércoles, julio 13, 2005

Un mundo de gigantes I

Desperté desorientada, cubierta parcialmente de arena, cegada por la luz del sol. Posiblemente llevara días allí tirada, perdida en medio de una playa desierta. Sentía débiles cada uno de mis músculos y estaba sedienta. No recordaba nada que pudiera darme pistas de como llegué a ese lugar.
Mi último recuerdo era en una oficina. Me dedicaba a archivar cartas en carpetas, dependiendo de su destino, meter en cajas enormes los paquetes que no llevaban dirección o faltaba algun dato importante y amontonar las correctas en su lugar. Quizá ese era mi trabajo.
Concentré todas mis fuerzas y conseguí ponerme en pie. No sé cuantos días llevaba sin darme una ducha, creo que nunca la había necesitado tanto. Me zambullí en el mar y por arte de mágia creí renacer. Un escozor horrible al contacto con el agua salada en la frente, me descubrió una herida, a falta de espejos.
Tanto mi camiseta como mis pantalones estaban completamente destrozados y había perdido los zapatos quién sabe dónde.
Tras el baño, me adentré en un frondoso bosque de palmeras y grandes arbustos. Por el clima y la extensa vegetación pude adivinar que me encontraba en algún país tropical de estos que abunda el turismo. Pero para mi desgracia no veía a nadie.
Necesitaba comer algo, quizá me hubiera conformado con fruta de no ser por la altura de aquellos árboles.
De pronto, el suelo se movió y escuché unos estruendos. Tambaleándome me acerqué a una roca para sujetarme. Aún sentía algo de debilidad en las piernas y esta especie de pequeños terremotos continuados no eran muy favorables para mi caminar.
Y ahí vi al primero de ellos... esos terremotos no eran más que los pasos de un gigante...

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